Call of the European Social Movements (12-11-2002)

We have come together from the social and citizens movements from all the regions of Europe, East and West, North and South. We have come together through a long process : the demonstrations of Amsterdam, Seattle, Prague, Nice, Genoa, Brusseles, Barcelona, the big mobilisations against the neoliberalism as well as the general strikes for the defense of social rights and all the mobilisations against war, show the will to build an other Europe. At the global level we recognise the Charter of Principles of WSF and the call of social movements of Porto Alegre.We have gathered in Florence to express our opposition to a European order based on corporate power and neoliberalism.

This market model leads to constant attacks on the conditions and rights of workers, social inequalities and oppresssion of women and ethnic minorities, and social exclusion of the unemployed and migrants. It leads to environmental degradation, privatisation and job insecurity. It drives powerful countries to try and dominate the economies of weaker countries, often to deny them real self determination.

Once more it is leading to war.

We have come together to strengthen and enlarge our alliances because the construction of another Europe and another world is now urgent. We seek to create a world of equality, social rights and respect for diversity, a world in which education, fair jobs, healthcare and housing are rights for all, with the right to consume safe foods produced by farmers and peasants, a world without poverty, without sexism, without racism, and without homophobia.

A world that puts people before profits.

A world without war.

We have come together to discuss alternatives but we must continue to enlarge our networks and to plan the campaigns and struggles that together can make this different future possible.

Great movements and struggles have begun across Europe : the European social movements are representing a new and concrete possibility to build up another Europe for another world.

We commit ourselves to enlarge our networks for the next year in the following mobilisations and campaigns :

  • Against neoliberalism
  • Against war
  • Against racism
  • Against sexism and homophobia
  • For rights and “another Europe”

Anti war call to all citizens of Europe

Anti war call to all citizens of Europe 12-11-2002

Together we can stop this war!

We, the European social movements are fighting for social rights and social justice, for democracy and against all forms of oppression.

We stand for a world of diversity, freedom and mutual respect.

We believe this war, whether it has UN backing or not, will be a catastrophe for the people of Iraq – already suffering because of the embargo and the Saddam Hussein regime – and for people across the Middle East. It should be opposed by everyone who believes in democratic, political solutions to international conflicts because it will be a war with the potential to lead to global disaster.

There is a massive opposition to war in every country of Europe. Hundreds of thousands have already mobilised for peace.

We call on the movements and citizens of Europe to start continent wide resistance to war, and to:

  1. 1organising massive opposition to an attack on Iraq starting now
  2. if war starts to protest and organise actions immediately and call for national demonstrations the next saturday
  3. to start organising enourmous anti war demonstrations in every capitals on February 15th.

We can stop this war.

La investigación participativa como derecho

La investigacion participativa como derecho: posibilidad o utopia?
Luis Justo*, Fabiana Erazun**, Jorgelina Villarreal***

* Medico, C?tedra de Bioetica, Universidad Nacional del Comahue, Argentina

** Profesora de Filosofia, C?tedra de Etica, Facultad de Filosofia, Universidad Nacional del Comahue, Argentina

*** Antrop?loga, C?tedra de Bioetica, Universidad Nacional del Comahue, Argentina

Presentado en la 1 Conferencia Internacional sobre Buenas Pr?cticas en Investigaci?n en Salud, Foro Latinoamericano de Comit?s de ?tica en Investigaci?n en Salud (FLACEIS), Brasilia, 28-30 de Octubre, 2002

Incorporar al investigado a la investigaci?n no s?lo como objeto de estudio sino como part?cipe de la misma, pone de manifiesto la dimensi?n moral de toda investigaci?n.

No creemos que sea la incorporaci?n misma la que abre esta dimensi?n, sino que a partir del reconocimiento de la participaci?n del sujeto se muestran claramente los alcances morales de la investigaci?n. Pero adem?s, la asunci?n de determinadas concepciones morales remite a una mirada m?s amplia que tiene alcances pol?ticos.

El modo en que el sujeto investigado es incorporado supone haber evaluado los motivos en que se funda tal incorporaci?n, tener expl?cita o impl?citamente una noci?n de sujeto que ha de condicionar los fines y medios que operan en la relaci?n entre el investigado, el investigador y la investigaci?n en si misma, y asumir una determinada concepci?n de lo pol?tico en t?rminos de acordar lo que es bueno y deseable para todos.

Esta problem?tica va a ser abordada desde dos perspectivas posibles: la primera vinculada con los derechos humanos remitiendo al sujeto como tal, y la segunda, inscripta en una determinada relaci?n de los sujetos entre s? y con los poderes instituidos. Nos referimos en este caso al agente en su rol de ciudadano y a las distintas maneras de concebir su participaci?n en la toma de decisiones.

La primera afirmaci?n que queremos defender es que el agente debe ser incorporado al proceso de investigaci?n porque tiene derecho a participar en ?l y no por meras razones instrumentales basadas en la eficacia .

Para tratar este tema vamos a encuadrarnos en el marco conceptual proveniente de la teor?a de los derechos humanos. Y para ello puede ser interesante una frase de C. Nino quien en su obra ?tica y derechos humanos dice:

“Los derechos humanos son uno de los m?s grandes inventos de nuestra civilizaci?n”

Con esta afirmaci?n, Nino pretende destacar algunos de los rasgos que considera relevantes a la hora de introducir la tem?tica de los derechos humanos. El primer rasgo es que el reconocimiento de estos derechos provoca en la vida de los seres humanos un impacto comparable con los efectos provocados por el desarrollo tecnol?gico aplicado (medicina, comunicaciones, confort dom?stico, etc.). El segundo rasgo es que tales derechos son artificiales, es decir, que son producto del hombre aunque dependan en alg?n grado de hechos naturales. El tercer rasgo es que la circunstancia de que estos derechos sean pensados como artefactos no les quita trascendencia. Los derechos humanos no son cualquier tipo de artefacto sino uno muy particular cuyo fin es neutralizar los efectos indeseables provocados sobre las mayor?as humanas por ciertas minor?as que los usan como instrumentos para su exclusivo y propio beneficio.

El modo de neutralizar a las concepciones ideol?gicas de diferentes cu?os que avalan la instrumentalizaci?n del hombre por el hombre, es la generalizaci?n de una conciencia moral de respeto por los derechos que todo ser humano merece en cuanto tal.

La formaci?n de una conciencia moral universal del reconocimiento de los Derechos Humanos supone no s?lo optar entre una posici?n que los reconoce y otra que los desconoce, sino que es imprescindible determinar cu?les son los derechos que deben ser reconocidos y qu? alcance debe d?rseles. En un primer momento parece obvio que los derechos humanos se refieren a situaciones normativas que est?n estipuladas en disposiciones del derecho positivo nacional e internacional. Desde esta perspectiva los derechos humanos son derechos jur?dicos. Sin embargo, cuando lo que es necesario es cuestionar leyes, medidas, instituciones o pr?cticas instituidas, esos derechos no se identifican necesariamente con los que surgen de normas del derecho positivo sino que, por el contrario, los derechos humanos que reconoce el derecho positivo son una consagraci?n o reconocimiento de derechos independientes de esta recepci?n jur?dica. Dice Nino:

“Se reclama el respeto de los derechos humanos aun frente a sistemas que no los reconocen y precisamente porque no los reconocen.”

La consagraci?n de los Derechos Humanos en el derecho positivo es muy importante en la medida en que hace menos controvertible su reconocimiento jur?dico y provee de herramientas necesarias para neutralizar su violaci?n, no obstante, su ausencia no exime de responsabilidad moral a quien los viole.

Los Derechos Humanos se refieren a bienes de fundamental importancia para sus titulares, y estos no son una subclase de hombres, sino que la clase de sus beneficiarios est? integrada por todos los hombres. En esta concepci?n la pertenencia a la especie humana es condici?n necesaria y suficiente para ser titular de estos derechos y otras propiedades como raza, sexo, actos cometidos, etc., son irrelevantes para dicha titularidad.

En una conferencia en el Instituto Interamericano de Derechos Humanos denominada “El Derecho y los Derechos Humanos: una aproximaci?n a la realidad social” Piza Escalante nos advierte de la legitimidad de estudiar a los Derechos Humanos en su dimensi?n de realidad social y/o de su idealidad pol?tica, pues considera que no s?lo son Derecho, es decir, formas normativas enmarcadas en lo que llamamos el Derecho como totalidad, sino que tambi?n son realidades sociales que los condicionan. El Derecho es aqu? concebido como una expresi?n de la cultura desde y para la sociedad, y as? entran en juego proyectos ideales que determinan a esos Derechos Humanos. Pero adem?s, el Derecho es un instrumento de realizaci?n de valores sociales lo que obliga a tener en cuenta a estos tres aspectos a la hora de hablar de Derechos Humanos. Desde esta perspectiva es que debemos pensar ahora que los Derechos Humanos, en tanto Derecho, no tienen por qu? ser reducidos a las formas jur?dicas (ni menos a?n quedar sumergidos en los formularismos de los c?digos) sino que con ellos se alude a tener en cuenta que aunque anclados en la realidad social (dependiendo de ella), los Derechos Humanos son instrumentos de realizaci?n de valores e ideales sociales, pero, adem?s, son realidades e instrumentos jur?dicos inscriptos en instituciones existentes y eficaces, pues de lo contrario simplemente no operan como Derechos Humanos.

Los Derechos Humanos son derivados de la realidad social pero, por un lado, en tanto que ideales la trascienden, y por otro permiten demandar que esta cambie a partir de exigir su cumplimiento por los medios que el derecho pone en manos de sus titulares (los seres humanos).

Sobre la relaci?n existente entre los Derechos Humanos y las condiciones para su realizaci?n efectiva (Estado de Derecho y Democracia), la cita de Piza Escalante resulta ?til:

‘Esas tres conquistas son inseparables en el pensamiento y en la realidad contempor?neos: sin el Estado de Derecho no son posibles ni la Democracia ni la dignidad y libertad del hombre; sin democracia no son posibles ni el Estado de Derecho ni la dignidad y libertad del hombre; sin dignidad y libertad del hombre no son posibles ni el Estado de Derecho ni la Democracia.” que lo faciliten” . Resulta as? ut?pico plantear la posibilidad misma del proceso participativo fuera del marco de la lucha por la liberaci?n latinoamericana a trav?s de la radicalizaci?n de los procesos democr?ticos, que permita reparar el tejido social a partir de la solidaridad y posibilite la determinaci?n de los leg?timos intereses populares que gu?en la investigaci?n en salud.

Exigen tolerancia y respeto a la Constitucion

Venezuela:

Organizaciones de derechos humanos y de desarrollo rechazan pronunciamiento militar

Las organizaciones de derechos humanos y de desarrollo abajo firmantes, preocupadas por la presencia de violencia discursiva y no discursiva en la vida pol?tica del pa?s, y ante la reciente manifestaci?n p?blica de un grupo de oficiales activos de la Fuerza Armada Nacional, convocando a desconocer la autoridad del Presidente de la Rep?blica, manifestamos lo siguiente:

  • Rechazamos categ?ricamente el pronunciamiento militar realizado el d?a 22 de octubre, por un grupo de 14 oficiales de alto rango de la FAN, por constituir una invitaci?n expl?cita a la ruptura del orden constitucional en Venezuela. En tal sentido, coincidimos con el comunicado del Secretario General de la OEA, en el que se plantea la necesidad de respetar el Estado de Derecho por parte de todas las entidades y sectores de la sociedad y recuperar la debida subordinaci?n que deben a las autoridades civiles los integrantes de la Fuerza Armada Nacional, en todo r?gimen democr?tico.
  • Exigimos a los poderes p?blicos que, en un marco de estricto respeto a los derechos humanos consagrados en nuestro ordenamiento legal, tomen medidas orientadas a investigar y sancionar cualquier acto que atente contra el hilo constitucional. Una de las razones fundamentales que ha contribuido a agudizar la confrontaci?n pol?tica en Venezuela es la impunidad de numerosas violaciones a los derechos humanos; de delitos graves que atentan contra la ciudadan?a, incluyendo atentados por motivos pol?ticos contra periodistas, l?deres sociales y medios de comunicaci?n; y de quienes abrog?ndose un supuesto apoyo popular, como estos militares que ayer se pronunciaron, han invocado el art?culo 350 de la Constituci?n de la Rep?blica para violentar la misma Constituci?n y la voluntad expresada en las urnas electorales.
  • Reiteramos nuestra opini?n, hecha p?blica desde el proceso constituyente de 1999, en cuanto a los riesgos y el da?o sustancial que sufrir?a la FAN al convertirse en un actor pol?tico, lo cual se ha evidenciado en el actual conflicto que vive la sociedad venezolana. Aceptar la invitaci?n que diversos sectores le formulan a la FAN para que asuma las riendas pol?ticas del pa?s, significar?a crear condiciones para una grav?sima situaci?n de violaciones a los derechos humanos. En este sentido reiteramos la necesidad de activar los mecanismos legislativos necesarios para subrayar, en nuestro ordenamiento, el car?cter no deliberante y subordinada al poder civil de la FAN.
  • Finalmente exigimos al Gobierno y a todos los sectores en pugna, resolver las diferencias que hoy nos aquejan como colectivo, a trav?s de v?as democr?ticas, constitucionales, respetuosas en la diversidad de ideas y de opciones, y poniendo por encima de los intereses de grupos, partidos o sectores los leg?timos intereses del colectivo nacional. En ese proceso, es fundamental el reconocimiento del Otro pol?tico como interlocutor en un mecanismo de negociaci?n.

Consalud, Comisi?n de Defensa de los Derechos Ciudadanos de la Universidad de Carabobo (CODDECIUC), Red de Apoyo por la Justicia y la Paz, Oficina de Derechos Humanos de San Fernando de Apure, Servicio Jesuita para los Refugiados, Equipo de Formaci?n-Informaci?n y Publicaciones (Efip), Instituto de Investigaci?n y Defensa Integral Autogestionaria (India), Colectivo de Asistencia y Servicio Integral a los Trabajadores (Aportes),Federaci?n de Familiares de Detenidos-Desaparecidos de Am?rica Latina (Fedefam), Comisi?n de Derechos Humanos �Derecho y Justicia� de la Arquidi?cesis de Ciudad Bol?var, C?tedra de la Paz y los Derechos Humanos �Monse?or Romero� de la Universidad de los Andes, Centros Comunitarios de Aprendizaje (Cecodap), Asociaci?n por la Vida (Asovida / M?rida), Programa Venezolano de Educaci?n-Acci?n en Derechos Humanos (Provea)

Uninsured Hispanics Up 50% Last Decade in USA

submitted by: PNHP

Number of Hispanics lacking health insurance up 270,000 in USA
Number of Uninsured Hispanics Up 50% in Last Decade in the USA

Eight States Also Experience Increase in Uninsured Despite Slight National Drop Layoffs & Recession Expected to Increase People Without Insurance in 2002

New York City – While the number of persons without health insurance decreased slightly from 1999 to 2000, from 39.3 to 38.7 million people, not all groups benefited equally, according to Dr. Olveen Carrasquillo, an internist at Columbia-Presbyterian Hospital in New York City.

The number of Hispanics without health insurance increased by 270,000 between 1999 and 2000, according to an analysis of the Census Bureau’s Current Population Survey.

“In addition to losing ground on coverage this year, Hispanics failed to benefit much from the small drop in the number of uninsured in 1999,” said Dr. Carasquillo. “Then as today, the majority of the increase in health benefits was among Non-Hispanic Whites. Hispanics did not receive their share of the benefits of the economic boom, and are likely to be hardest hit in the coming recession. Terrible disparity continues to grow.”

The Census Bureau’s methodology has changed recently. The best estimates are that during the economic boom from 1990 to 2000 the number of Non-Hispanic Whites without health insurance decreased slightly from 20.0 million people in 1990 to 18.9 million uninsured people in 2000.

In contrast, the number of uninsured Hispanics has increased by over 50% in the last ten years, from 7.0 million uninsured Hispanics in 1990 to 10.8 million lacking health benefits in 2000.

“The uninsured are disproportionately Hispanic,” said Dr. Salvador Sandoval, a family practitioner in Merced, California and a Board Member of Physicians for a National Health Program. “In 1990 Hispanics accounted for 20% of the uninsured. In 2000 they made up 28% of the uninsured. One-third (32.8%) of Hispanics have no coverage. More than ever, we need a national health program to ensure the right to health care for all, regardless of ethnicity, income, age, or employment.”

The percentage of people uninsured also increased in eight states: Alaska, Kansas, Nebraska, New Mexico, Ohio, Oklahoma, Vermont, and Washington. 22.6% of the population has no coverage in New Mexico – the worst ranked state in the country (although not statistically different from Texas).

Saluco 11: Los Derechos Humanos de las Mujeres

Saluco

A?o 1 Boletin No. 11
Primera quincena, Septiembre 2002.
Bolet?n de la Red Cubana de G?nero y Salud Colectiva
Ateneo Juan C?sar Garc?a, Sociedad Cubana de Salud P?blica
Cap?tulo Cubano de la Red de G?nero y Salud Colectiva de la
Asociaci?n Latinoamericana de Medicina Social (ALAMES)
Coordinadora: Leticia Artiles l
Vicecoordinadoras:Ada Alfonso
Celia Sarduy

Los Derechos Humanos de las Mujeres
Dos propuestas para la reflexion.

1. Riesgo de que en la Cumbre Mundial se condicione el derecho a la salud podr?a quedar sujeto a las leyes y cultura nacional. CIMAC 3 de septiembre 2002

2. La ciudadan?a y las mujeres Por Eva Giberti Para la APDH Julio 2002

JOHANNESBURGO
Riesgo de que en la Cumbre Mundial se condicione el derecho a la salud podr?a quedar sujeto a las leyes y cultura nacional

DF, 03 SEP, 2002 (CIMAC).- Organizaciones de mujeres presentes en la Cumbre Mundial de Desarrollo Sostenible en Johanesburgo defendieron los derechos humanos de la poblaci?n femenina ante el peligro de que el p?rrafo 47 de la declaraci?n final condicione el derecho a la salud y los servicios m?dicos conforme a las leyes nacionales y los valores culturales y religiosos.

Las organizaciones abogaron esta ma?ana porque el p?rrafo en cuesti?n elimine esas referencias; por el contrario, que establezca que los derechos de las mujeres deben impulsarse “de conformidad con todos los derechos humanos y las libertades fundamentales”.

Daphne Roxas, de la Red de Mujeres Asi?ticas en G?nero y desarrollo, sostuvo en un comunicado enviado a cimacnoticias, que la redacci?n actual del p?rrafo 47 es sumamente peligrosa porque desconoce que los derechos de as mujeres son derechos humanos, adem?s de que coloca a la poblaci?n femenina en riesgo ante la posibilidad de que las Naciones Unidas (ONU) avale leyes culturales que promuevan la mutilaci?n genital, los matrimonios forzados, los cr?menes de honor y otras pr?cticas da?inas para las mujeres.

Por su parte June Zeitlin, de la Organizacion de Mujeres por el Desarrollo el Medio Ambiente (WEDO), denunci? el aumento de religiosos que cabildean por la postura promovida por el Vaticano, la delegacion de Estados Unidos y los paeses islamicos, contraria a los derechos humanos de las mujeres.

Esta ma?ana las mujeres organizadas, encabezadas por la excomisionada de la ONU para Derechos Humanos, Mary Robinson, se manifestaron en la sede de la Cumbre en Sandton Center para presionar a las delegaciones participantes. En sus pancartas acusaron a la cumbre de querer eliminar sus derechos humanos y de su intenci?n de retornar al siglo pasado.

Entrada en su fase final la cumbre arrojar? una declaraci?n y un programa de acci?n para los pr?ximos 10 a?os; ambos documentos se fundamentan en una evaluaci?n de lo que ha sucedido en esta ?ltima d?cada, desde la Cumbre de la Tierra en R?o de Janeiro, en 1992.

En aquella ocasi?n los p?rrafos 20 y 24 de la declaraci?n reconoc?an que las mujeres tienen un papel clave en el desarrollo sostenible, por lo que recomendaban medidas para garantizar su participaci?n y sus derechos. Las sucesivas conferencias, la de Viena, la Cumbre de Desarrollo Sostenible y la de Beijing reconocieron que los derechos de las mujeres son humanos, por lo tanto protegidos por los derechos humanos universales.
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La ciudadan?a y las mujeres
Por Eva Giberti

Para la APDH Julio 2002

La insistencia, por parte de quienes estudian los temas vinculados con los g?neros, en la conceptualizaci?n de �la ciudadan?a� asociado con las mujeres constituye un fen?meno psicol?gico, pol?tico y social.

Psicologico en lo que se refiere a insistencia y a la etimolog?a de este vocablo, derivado del lat?n existere, o sea, salir, nacer, aparecer, y de sistere: colocar, sentar, detener que, a su vez, queda ligado a persistir, a resistir y a subsistir. Su sentido habitual:�Repetir varias veces algo que se dice para asegurar el resultado� seg?n Maria Moliner que fue una campeona de persistencias en la producci?n de su Diccionario, construido durante d?cadas. Tambi?n �mostrar, al decir algo, especial inter?s en ello o recalcar su importancia�. O sea, insistimos en el concepto de ciudadan?a a partir de la superaci?n de la ingenuidad militante que las mujeres francesas ensayaron cuando creyeron, en aquellos tiempos de la Revoluci?n que ellas tambi?n ser?an consideradas ciudadanas por los varones revolucionarios ; pretensi?n que se consider? exagerada ya que solo hab?an contribuido a llevar adelante la Revoluci?n asistiendo heridos, levantando sus voces en el Asamblea Nacional, preparando comidas para los ciudadanos y empu?ando las armas que posibilitaron la instalaci?n de dicho proceso revolucionario.

Tales conductas no resultaron suficiente para quienes avanzaron en la consigna que los hizo famosos: Libertad, Igualdad, Fraternidad, los derechos del hombre instituidos por la Revoluci?n. Efectivamente fueron derechos para los hombres ignorando las l?cidas demandas de aquellas mujeres de las que formaba parte Olimpia de Gouges. En su Declaraci?n por los Derechos de las Mujeres y de las Ciudadanas, escrito en 1791, sosten?a: El fin de toda asociaci?n pol?tica es la conservaci?n de los derechos naturales e imprescriptibles de la Mujer y del Hombre: esos derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y sobre todo la resistencia a la opresi?n. (Olimpia de Gouges 1791) Neg?ndose a aceptar la producci?n de textos, declaraciones y solicitudes firmados por las que fueron nominadas ciudadanas por mera pertenencia a la Revoluci?n, la Asamblea Nacional (Cahiers des Dol?ances des Femmas, 1981), que en un principio les permiti? concurrir a sus deliberaciones, finalmente les cerr? sus puertas, las amenaz? con encarcelarlas si persist?an en sus demandas y finaliz? condenando a morir en la guillotina a Olimpia de Gouges.

Imposible silenciar la violencia y la discriminaci?n ejercida contra las mujeres que pretend?an el reconocimiento de sus derechos, as? como el silencio que durante d?cadas rode? los festejos del 14 de julio , fecha en la que se conmemoraba la Declaraci?n de los Derechos del Hombre, un silencio encubridor de la realidad hist?rica.

Como surgi? y desde d?nde

La idea de ciudadan?a de las mujeres surgi? inserta en territorios del patriarcado que �diversificado en sus contenidos seg?n las ?pocas – legitim? y legaliz? el funcionamiento de las organizaciones sociales y de las practicas institucionales. Legitimaci?n y legalizaci?n que mantiene su eficacia en ?mbitos diversos.

El concepto de ciudadan?a adquiri? nuevos sentidos � despu?s del ejercicio sem?ntico de l@s revolucionari@s frances@s � a partir de una concepci?n unicista y monol?tica del pensamiento acerca de la �naturaleza humana� (que tambi?n puede encontrarse en las primeras concepciones de los revolucionarios franceses, todav?a distantes de una comprensi?n acerca de la pluralidad de lo pol?tico, si bien estaban en el camino de actuar resignificando el cambio en la relaci?n entre gobernantes y gobernados).La transformaci?n de dicho pensamiento , que se produce en el tr?nsito de las sociedades tradicionales hacia la modernidad, no incluy? los derechos de las mujeres como uno de sus principios b?sicos hasta el siglo XIX, en consonancia con el fortalecimiento de las luchas obreras insertas en la Revoluci?n Industrial iniciada en el siglo XVIII. En paralelo, los campos de lo p?blico y de lo privado comenzaron a redefinir sus respectivos espacios, lo cual tuvo como consecuencia una reformulaci?n -que hoy en d?a nos resulta elemental- acerca de aquellos derechos.

As? suced?a en Europa y se extendi? a Estados Unidos, mientras se desarrollaban las discusiones filos?ficas y pol?ticas acerca de la democracia y su relaci?n con la econom?a, regulada por el capitalismo. Fue Marshall quien en 1949 abri? un debate sociol?gico y pol?tico alrededor de la relaci?n democracia-capitalismo y propuso una caracterizaci?n para la ciudadan?a centrada en los derechos sin referencia a las responsabilidades y obligaciones para con la esfera p?blica, lo que determin? que su descripci?n se caracterizara como ciudadan?a pasiva. Ni la derecha ni la izquierda que discutieron los planteos de Marshall aportaron un criterio que permitiera advertir la ausencia de una ciudadan?a referida a las mujeres si bien era notorio que la enunciaci?n de Marshall se refer?a a los varones. No obstante los te?ricos del pluralismo cultural acu?aron el concepto de �ciudadan?a diferenciada� (Young, 1989), mediante el cual intentan introducir las perspectivas de las minor?as y de aquellos grupos cuyas culturas aparec?an como ajenas a la que se consideraba normalidad y a las que con frecuencia se les neg? el derecho de ciudadan?a en tanto no acordaban con la can?nica inicial de Marshall.

Mientras tanto los movimientos de liberaci?n de la mujer y las corrientes del feminismo hab?an avanzado notablemente en los reclamos y fundamentaciones acerca de los derechos del g?nero mujer. Instancia que se constituy? en un punto de inflexi?n para construir los par?metros que permitieron establecer s?lidamente la asociaci?n ciudadan?a y derechos humanos. Recordemos que fue preciso avanzar en una lucha pol?tica intensa para lograr que las mujeres fueran reconocidas-en las declaraciones internacionales- como personas con derechos propios adem?s de los universales. Afirmar que al hablar de derechos humanos inclu?a a las mujeres era una ficci?n: �El ingreso al espacio de los derechos que comprende la ciudadan?a lo adquiri? la mujer a trav?s del trabajo asalariado, m?s como una concesi?n pol?tica que como un estatus con garant?a de plena igualdad ciudadana. Es el derecho al voto lo que marc? definitivamente ese acceso. Pero, como sabemos y ha sido ampliamente investigado, las mujeres estamos, en todas las sociedades, todav?a muy distantes de ejercer plenamente todas la prerrogativas, derechos y a?n deberes que implica esa ciudadan?a.�(Ergas,Y. s/f)

Diana Mafia (1994) en un ensayo en el cual enumera y analiza los derechos Civiles y Pol?ticos y los Derechos Econ?micos, Sociales y Culturales afirm?:�La clasificaci?n de los derechos humanos no es un mero problema sem?ntico, es un problema de poder que tiene consecuencias pol?ticas pr?cticas. Los derechos de la mujer est?n a nivel inferior que los derechos del hombre.�

La idea inicial de ciudadan?a parti? de una conceptualizaci?n masculina y de un Ethos masculino, como sostiene E. Garc?a Prince (1996), que se expresa con especial fuerza en el dominio de la vida pol?tica en forma de tradiciones, pr?cticas, criterios y valores que excluyen y/o crean barreras a la participaci?n de las mujeres.

En las d?cadas del 70 y del 80 los liberales y los comunitaristas introdujeron en sus discusiones la nueva idea de sujeto, pero disociados de cualquier contacto con los reclamos del feminismo; sin embargo, las corrientes feministas ya se hab?an hecho presentes en la bibliograf?a internacional y se pon?an en marcha los Congresos, las Reuniones Internacionales reguladas por la necesidad de ocuparse social y pol?ticamente del genero mujer.

En su texto Oficio de la Ciudadan?a, Barcena (1997) distingue entre el criterio liberal, que entiende a la ciudadan?a como un estatus, como un t?tulo al que accede y la postura comunitarista que la postula como una pr?ctica que no prescinde de la defensa del inter?s com?n. En ese lugar se encuentran los aportes Waltzer, de Taylor y de Arendt. M?s all? de estas escasas enunciaciones, una extensa bibliograf?a puede informar acerca de estos aspectos del tema.

Campos discursivos e imaginarios sociales

La ciudadan?a de las mujeres contin?a insistiendo en ocupar su lugar: Conferencias Mundiales, Declaraciones, Foros, Institutos, Secretar?as y Direcciones de la Mujer en diversos pa?ses incluyeron el inter?s por el tema en niveles institucionales, lo cual engendr? campos discursivos que expresaron pol?ticas propias del g?nero. Dichos campos discursivos estuvieron vinculados con las diversas etnias y con las regiones geogr?ficas cuyas culturas demandaban caracterizaciones propias. Por ejemplo, la infibulaci?n y la clitoridectom?a en los pa?ses que responden a la religi?n musulmanes (?frica y Oriente Medio) exigen un an?lisis y una pol?tica de ?ndole internacional respecto a dichas pr?cticas criminales avaladas por las convicciones culturales en paralelo con la promoci?n de los derechos ciudadanos.

En Am?rica Latina, dichos discursos se dispersaron seg?n la orientaci?n liberal, autoritaria, populista o democr?tica de las corrientes pol?ticas que tomaron la ciudadan?a como tema para ser discutido. Tanto las posturas que propiciaban cambios radicales en la vida de las mujeres, como aquellas que enfatizaban el maternalismo y el �respeto a las caracter?sticas especificas de la mujer� inclu?an sus pareceres y de ese modo recreaban los campos discursivos, ya fuese desde criterios conservadores o progresistas.

La efervescencia que se registr? en tales campos discursivos alert? a varios gobiernos de Am?rica Latina que comenzaron a incluir �el tema mujer� en algunos proyectos gubernamentales. Lo cual arrastr? la posterior necesidad de focalizar la ciudadan?a como un componente necesario para ilustrar el imaginario social que precisaba calificar a aquellas mujeres que progresivamente ocupaban cargos p?blicos o que eran mencionadas como referentes pol?ticos (debido a su practica en partidos pol?ticos).

Las legislaciones de diversa ?ndole posicionaron al g?nero en condici?n de tuteladas reforzando las ideolog?as, creencias, prejuicios y mitos que las pr?cticas del patriarcado agitaron e instituyeron. Desde la reproducci?n del apellido mediante el engendramiento as? como la derivaci?n de la crianza en la servidumbre dom?stica hasta la explotaci?n econ?mica y la violaci?n sexual garantizada como derecho, los beneficios para el g?nero masculino en su funci?n de poder dominante han sido-contin?an siendo- m?ltiples y sostenidos. Por lo tanto, incluir la dimensi?n de ciudadan?a como derecho inalienable del sujeto-mujer arriesgaba p?rdidas y traspi?s para el ejercicio de ese poder.

Hablando del poder

Si de ciudadan?a hablamos ingresamos, transitamos y resignificamos los territorios del poder. Tema que ha ocupado miles de p?ginas, una de las cuales selecciono, aportada por Castoriadis (1995): �Precisamente, cuando se ha roto, al menos en parte, el imaginario milenario de la realeza del derecho divino (ratificado y reforzado por el cristianismo, “todo poder viene de Dios”), sigue subsistiendo con no menos intensidad la representaci?n del poder como extra?o a la sociedad, frente a ella y opuesto a ella. El poder son “ellos” (us and them, sigue dici?ndose en ingl?s), nos es hostil como norma y se trata de contenerlo dentro de sus l?mites y de defendernos ante ?l.

Solamente en las ?pocas revolucionarias, en la Nueva Inglaterra o en Francia, la frase we the people o el t?rmino Naci?n, adquieren un sentido pol?tico y se declara que la soberan?a pertenece a la naci?n, frase que ser? r?pidamente vaciada de su contenido a trav?s de la “representaci?n”. � Asociar el complejo tema de la representaci?n y su conjunci?n con la representatividad ,atraves?ndolo con el tema mujer deja al descubierto una de las brechas m?s significativas en la historia de este tema :?qu? ?ndole de representaci?n- refiri?ndome a los intereses derivados del g?nero � logran poner en acto los varones cuando se trata de legislar acerca de la violaci?n, el acoso sexual, el aborto, los derechos reproductivos, la igualdad en los salarios como remuneraci?n del mismo trabajo, derechos a los ascensos, etc.? Por cierto que, en nuestro pa?s, el joven Alfredo Palacios asumi? la responsabilidad de luchar por derechos b?sicos de las mujeres, vulnerados en aquella ?poca. Pero, junto con otr@s lideres del socialismo, constitu?an la excepci?n y el esc?ndalo que sacud?a a la burgues?a nacional. No obstante aquellas hist?ricas defensas part?an mucho m?s de la sensatez, la inspiraci?n en textos europeos y la bonhom?a de aquell@s l?deres que de su convicci?n acerca de la condici?n de ciudadanas de sus defendidas. Alcanza con leer los debates desarrollados en las C?maras del Congreso para reconocer el discurso tutelar. Necesario, indudablemente, en aquel momento.

La menci?n del poder obliga a des-implicar su ejercicio de los discursos que a ?l se refieren: no alcanza con hablar del poder propio o ajeno. Es preciso pulsar el poder cuando ?ste muestra su eficacia en el ?mbito de los derechos de las mujeres, as? como es necesario registrarlo en ausencia cuando solo lo cotizamos en clave de deseo.

El poder deja de entenderse seg?n una limitada concepci?n maquiav?lica (uso, usufructo, abuso deja de ser una mala palabra, una entidad que �no deber?a importarle a las mujeres�) (Giberti E.1992) seg?n lo sostienen determinadas creencias, para dar lugar a diversas formas de imaginaci?n, de gesti?n y de decisi?n concebidas y fermentadas entre cong?neres asociadas en la construcci?n de una lucha por los derechos de todas. All? es donde podemos lograr el reconocimiento de nuestro derecho de inserci?n e integraci?n- ya enunciados por varios autor@s- al referirse a la jerarquizaci?n de los derechos sociales (Giberti E., 2000)

En Am?rica Latina amanec?a el registro de un poder en manos de las mujeres, si bien la idea de ciudadan?a como tal solo se esbozaba en aquellos sectores del feminismo que estaban alertas. Desde esta perspectiva era posible conceptualizar la ciudadan?a como ejercicio de poder, vincularla con las relaciones de poder y los significados sociales que se otorgan al poder. La famosa frase: �detr?s de todo gran hombre hay una gran mujer� comenzaba a resquebrajarse: las mujeres aparec?an en primer plano sin necesitar alg?n var?n que la protegiese o encubriera sus capacidades y talentos, haci?ndolos pasar como propios. No obstante, el vaci? sem?ntico alrededor de la asociaci?n ciudadan?a/mujer persist?a: era posible reconocer sus aptitudes como empresarias, como investigadoras y profesionales, como acad?micas, como artistas, todo ello asociado al trabajo y a la remuneraci?n del mismo pero la asignaci?n de ciudadan?a, caracteriz?ndola como objeto construido a partir de la historia del g?nero, se incorpor? tard?amente entre nosotros si lo comparamos con otras asignaciones referidas a las posibilidades de pensamiento y de acci?n de las mujeres.

Construcci?n de ciudadan?a como �objeto de estudio�

La pretensi?n de integrar la idea de ciudadan?a con esa caracter?stica de inalienabilidad como constituyente de la subjetividad de ese sujeto mujer, conociendo cu?les ser?an los obst?culos que se encontrar?an, condujo a la creaci?n del objeto ciudadan?a para las mujeres. Dado que, a diferencia de lo que suced?a con los varones, esa ciudadan?a no aparec?a como algo dado producto de haber nacido en una naci?n, estimando, por lo tanto, que como derivaci?n y soporte de todos los derechos constitucionalmente avalados se introduc?a la condici?n de ciudadano. Esa impronta originaria acerca de la cual no cab?an dudas, y se daba por instalada por el solo hecho de existir, indicaba una ausencia conceptual, sem?ntica y de facto en los hechos y en el imaginario social.

De all?, la necesidad de construirla como objeto epistemol?gicamente reconocible y categorizable, adem?s del derecho de poseerla y disponer de ella. Un objeto emp?ricamente construido, nuevo y novedoso, como lo dir?a Bordieu (1992), que focaliz? su idea de objeto como construcci?n en el conocimiento de las relaciones �subterr?neas� entre la historia oficial y otras versiones hist?ricas, as? como aport? la idea de �historizar a quienes se ocupan de construir el objeto� (ciudadan?a en este caso) y las herramientas que utiliza para hacerlo (op?rer l’historicisation du sujet connaissant et des instruments de connaissance). Complet? su idea al afirmar que se trataba de historizar el universo en el cual se produce y circula el saber con el que se trabaja. Por ejemplo, y para nosotras, lo que �se sabe y lo que se dice� acerca de la ciudadan?a referida a las mujeres, donde se incluyen los discursos, las leyes, los silencios y las costumbres.

Subrayar la eficacia de los datos hist?ricos, tanto los conocidos cuanto el encubrimiento y omisi?n de los mismos forma parte de la construcci?n del objeto ciudadan?a, entendido como objeto te?rico que permite la discusi?n de sus contenidos, de las normativas que pueden crearse o resultar del concepto, las metodolog?as mediante las cuales se aborda el objeto y las aplicaciones en el campo de la praxis.

Cuando mencionamos temas referentes al g?nero mujer, es imprescindible incluir la informaci?n hist?rica, por ejemplo, desconocer los antecedentes de las mujeres que durante la revoluci?n francesa plantearon sus declaraciones, en tanto ciudadanas, nos advierte acerca de la interesada omisi?n que ese dato pone al descubierto. Fue preciso que determinadas investigadoras francesas avanzaran en la b?squeda de datos originados en otras ?pocas para verificar la significativa ausencia de la iconograf?a y de los textos protagonizados por aquellas mujeres. Lo que nos remite a las relaciones entre diversos enfoques de los hechos hist?ricos y el silencio acerca de otros.

Las relaciones que podemos encontrar entre lo que se ocult? y lo que se privilegi? (las acciones masculinas durante dicha Revoluci?n) desenmascaran los intereses que tienden a mantener la desigualdad entre hombres y mujeres ya sea mediante las omisiones o mediante la circulaci?n de discursos tendientes a promover la idea de mujer-ausente de la historia. En este ejemplo particularmente significativo dado que las ciudadanas francesas hab?an suministrado los antecedentes para que el g?nero adhiriese a su entusiasmo por llamarse a si mismas, las ciudadanas

Algo semejante sucedi? despu?s de la Revoluci?n Mexicana de 1910 :las mujeres que hab?an participado activamente �como combatientes en los movimientos armados� reclamaban sus derechos recordando en sus manifiesto: � Desde 1821 grupos de mujeres piden derechos c?vicos (�) pero una vez pacificado el pa?s (despu?s de 1910), la mujer debi? volver a su lugar. La igualdad que se obtuvo durante las luchas se esfum? r?pidamente�En cuanto a los derechos pol?ticos (�) el Congreso Constituyente fundamenta la negativa para otorgarle el derecho al voto a la mujer afirmando; las actividades de la mujer mexicana han estado restringidas tradicionalmente al hogar y a la familia. Ella no ha desarrollado una conciencia pol?tica y no ve adem?s la necesidad de participar en asuntos pol?ticos. Esto se demuestra en la ausencia de movimientos colectivos para este prop?sito� (Claudia von Werlhof, 1980)

Si el an?lisis l?gico puede arrancar una sonrisa ante la evidencia de la falacia que tal Congreso instituy?, la violencia que el texto traduce contra el g?nero mujer constituye uno de los antecedentes hist?ricos que avalan la necesidad de enfrentar sin titubeos la persistencia de estos contenidos en algunos discursos actuales.

Pensar la ciudadan?a como categor?a particularizable constituye una necesidad porque es preciso recortarla y desagregarla de la ciudadan?a le?da en abstracto, lo que autorizar?a a generalizar su aplicaci?n sin distinciones entre los g?neros.

Desigualdades y relaciones son categor?as ?tiles para estudiar el concepto de ciudadan?a

Cuando me refer? a categor?as alud? a los sucesos y a las din?micas que marcan los lugares que ocupan las distintas desigualdades entre hombres y mujeres, ciudadanos y extranjeros, y otros ejemplos que no dependen sola y prioritariamente de sucesos individuales, (discriminatorios por ejemplo) sino de la experiencia colectiva de las comunidades.
Dependen de las relaciones entre los miembros de la comunidad, de la interacci?n social, lo que se denomina el contexto organizacional que es el encargado de mantener los beneficios o las carencias que les corresponden a los sujetos individualmente evaluados. Las relaciones constituyen un n?cleo pulsante, en la construcci?n del objeto ciudadan?a mujer porque contribuyen con la evidencia de los modos que usamos para relacionarnos entre mujeres o entre mujeres y otros. Se organizan como categor?as relacionales, como se advierte en los rituales que acompa?an al matrimonio y se transparentan en el contrato matrimonial que estipula de que manera el hombre y la mujer acceden a convivir legalmente, autorizados tambi?n para engendrar.

La entrega de la novia al sacerdote que habr? de casarlos, tarea a cargo del padre de la mujer, as? como el texto del contrato que lee el juez( o la jueza) en el registro civil (actualmente amainado en su severidad original respecto a la obligaci?n de seguir al esposo all? donde instalase su vivienda) indican la calidad de esas relaciones que no han sido pensadas desde la existencia de una mujer ciudadana. Seg?n sea el modelo mediante el cual se establecen las diversas relaciones pueden instituirse como categor?as estructurantes de las desigualdades.

Las categor?as relacionales tambi?n nos permiten entender el tipo de relaciones que se entablan entre los miembros de una categor?a (las mujeres que est?n desinformadas acerca de sus derechos y no lo reconocen � o sostienen que el tema no les interesa-) y quienes no forman parte de dicha categor?a (las mujeres que est?n desinformadas acerca de sus derechos y tratan de informarse). Esa ?ndole de relaciones entre mujeres que distingue las diferencias entre quienes se mantienen indiferentes y aquellas que no s?lo se informan acerca de sus derechos, reconocen el valor de saberse ciudadanas y muchas de ellas se ocupan de difundir el conocimiento de tales derechos no nos autoriza a generalizaciones, sino, por el contrario subraya las relaciones que se entablan entre tales diferencias. Ambas posiciones constituyen formas o modos de existencia de aquello que se considera �social�

Autonom?a, pensamiento cr?tico y participaci?n activa

Sabemos que el concepto de ciudadan?a no es uniforme y en su producci?n se entrecruzan diversas variables; en cuanto a ciudadan?a y mujer se caracteriza porque su actora a?ade un plus de especificidad debido a la historia del g?nero, a la persistencia de discursos de corte machista, a la resistencia para difundirla (en ?mbitos institucionales) y dada la complicidad conciente y no conciente de las mujeres que dicen �no importarle el tema�, o desconocerlo.

La ciudadan?a ya no se sostiene exclusivamente en un soporte jur?dico asociado con la demanda acerca del ejercicio de los derechos. Se trata de una matriz que reclama complementos y constructos sociales, pol?ticos, econ?micos y psicol?gicos, as? como un posicionamiento hist?rico y geogr?fico de sus actoras; (una situaci?n paradigm?tica respecto de la ciudadan?a es la que protagonizan las mujeres migrantes).

La variable psicol?gica de la ciudadan?a, entre sus diversas interpretaciones, se ocupa de subrayar el derecho a la autonom?a del que disponen l@s sujetos. Tema que ilumina un punto de inflexi?n, dado que la autonom?a de las mujeres-generalizando indebidamente- reclama un capitulo especifico.

El pasaje que se extiende desde la mujer tutelada hacia la mujer aut?noma incluye una multitud de modelos que describen las subordinaciones y las opresiones que dificultan o impiden, en un universo infinito formado por mujeres y ni?as (Giberti E. 2001,a) la adquisici?n de conciencia acerca de la autonom?a como soporte calificado para vivir como ciudadanas

La conciencia acerca de �ser ciudadana� desemboca inevitablemente en la revisi?n de las pr?cticas que caracterizan la vida de cada organizaci?n familiar, as? como la vida de las mujeres en sus ocupaciones laborales. Autonom?a no significa individualismo a ultranza, sino apunta a la autodeterminaci?n en lo que se refiere a tomar decisiones, condici?n que demanda una capacidad cr?tica y un compromiso participativo en la comunidad.

Formando parte de la concepci?n actual de autonom?a asociada con el juicio cr?tico desde perspectivas de g?nero queda al descubierto la autoexclusi?n del g?nero respecto de los temas econ?micos. La autoexclusi?n ha sido inducida desde las pautas culturales regenteadas por el patriarcado y sostenidas mediante la colonizaci?n intelectual-social de un universo formado por mujeres no esclarecidas acerca de sus derechos, uno de ellos disponer de informaci?n y educaci?n.

La resistencia al pensamiento que analiza las relaciones de producci?n y las relaciones internacionales, es decir, los compromisos del propio pa?s con grupos extranjeros se advierte como una carencia (salvando las excepciones). Como si la ciudadan?a condujese a privilegiar solamente la defensa de determinados niveles de derechos humanos, descuidando aquellos que competen a la econom?a y su enlace con la soberan?a nacional, la explotaci?n, el empobrecimiento de l@s habitantes de una naci?n, y por extensi?n, la responsabilidad que nos corresponde asumir respecto de las pr?ximas generaciones.
Este aspecto de la ciudadan?a referido a la econom?a y los mercados �que por razones de distribuci?n de los temas recorto como si fuera posible desagregarlo de la totalidad – impregna actualmente la construcci?n del objeto te?rico que mencione anteriormente. Uno de los riesgos m?ximos de dicha construcci?n, as? como de la praxis o puesta en acto de la ciudadan?a reside en que las ciudadanas aceptemos ser interpeladas, prioritariamente, como consumidoras y clientes. La advertencia ha sido formulada por diversos autores, entre ellos Garc?a Canclini (1995):�actualmente el espacio de participaci?n y articulaci?n del orden es el mercado�. El tema reclama otro espacio para exponerlo con el rigor necesario.

Este planteo acerca de la autonom?a posiciona a las mujeres en calidad de lo que se llam? agentes de cambio; o sea, su capacidad para recurrir a conductas opositoras a las pautas culturales hist?ricamente convalidadas as? como mantener encendido el alerta acerca de los discursos mediante los cuales las practicas sociales jerarquizan modelos dominantes a cargo del g?nero masculino. Lo que significa no acatar lo dado cuando incrementa o fogonea la discriminaci?n y la exclusi?n del g?nero. Por el contrario mediante la calificaci?n que aporta una ciudadan?a sustentada en el conocimiento y en la evocaci?n de las inequidades padecidas derivadas de la pertenencia a un g?nero, atreverse a propiciar los cambios de un sistema que no titube? en postergarnos y omitirnos de los beneficios y responsabilidades sociopol?ticas y econ?micas.

Durante siglos nuestros resortes vitales se mantuvieron tensos en la defensa de nuestras razones que contribuyeron en la revisi?n ?tica de las pol?ticas patriarcales; resortes cuya cintura pol?tica tambi?n les permiti? mantenerse el?sticos en el entrenamiento necesario para crear pol?ticas de g?nero. La variable activa de los derechos ganados y defendidos durante centurias �que constituyen el n?cleo fundante de la ciudadan?a- se ejerce en una dimensi?n pol?tica que conduce a la intervenci?n de las mujeres en la creaci?n de pol?ticas y en la observaci?n cr?tica de las actividades que realizan los poderes p?blicos (Giberti E. 1999). La insistencia actual alrededor de la ciudadan?a ratifica aquellas antiguas pr?cticas iniciales, las actualiza e impulsa a quienes sostienen que �un mundo mejor es posible�

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Saluco 13 A: Genero y politicas publicas

SaluCo

A?o 1 No. 13

Primera quincena, Octubre 2002.

Bolet?n de la Red Cubana de Genero y Salud Colectiva

Ateneo Juan C?sar Garc?a, Sociedad Cubana de Salud P?blica

Cap?tulo Cubano de la Red de Genero y Salud Colectiva de la

Asociaci?n Latinoamericana de Medicina Social (ALAMES)

Coordinadora: Leticia Artiles

Vicecoordinadoras: Ada Alfonso, Celia Sarduy

Genero y pol?ticas p?blicas

Construyendo una agenda de genero en las pol?ticas publicas en salud. Por Deborah Tajer

El enfoque de genero y los indicadores de medici?n de inequidades, Por Leticia Artiles

Construyendo una agenda de genero en las pol?ticas publicas en salud.

Deborah Tajer

En “Politicas P?blicas, Equidad en Salud y Genero: Desaf?os para Centroam?rica y Caribe” (En prensa)

Podemos se?alar como principales objetivos en la construcci?n de una agenda de genero para las pol?ticas p?blicas en salud a:

Identificar los modos en los cuales la diferencia entre los generos se transforma en inequidad en salud.

Promover que el dise?o, ejecuci?n y monitoreo de las pol?ticas p?blicas en salud orientadas hacia la generaci?n de equidad y autonom?a que incorporen la perspectiva de genero como una de las herramientas para su logro

I- ?De qu? estamos hablando?

Para comenzar, es importante que manejemos una base com?n acerca del significado de introducir esta perspectiva para el logro de pol?ticas p?blicas en salud con la equidad como norte.

En la construcci?n de esta base com?n nos van a orientar cuatro preguntas, que seg?n mi experiencia, son las m?s cotidianas que recibimos los y las especialistas en genero y salud, en el d?a a d?a del trabajo con los y las profesionales de la salud. L@s cuales desde sus diferentes niveles de decisi?n en el campo intuyen que esta perspectiva puede colaborarles en sus tareas y toma de decisiones: formador@s de recursos humanos, epidemi?log@s, cl?nicos de tod@s las especialidades y disciplinas, responsables de sistemas y servicios, gestor@s locales, provinciales y nacionales, parlamentari@s, miembr@s de consejos de salud, miembr@s de defensor?as del pueblo, entre otros.

Estas preguntas son:

?Qu? significa adoptar una mirada de genero en salud?

?A qu? se debe su actual auge y visibilidad?

?Es s?lo aplicable a la salud de las mujeres?

?Se puede utilizar esta perspectiva para los problemas de salud de los varones?

Vamos entonces a tratar de responder cada una de estas preguntas como una gu?a que nos permitir? entender el valor de esta propuesta.

1- ?Qu? significa incluir una mirada de genero en salud?

Implica incorporar el modo en que las asimetr?as sociales entre varones y mujeres determinan diferencialmente el proceso salud-enfermedad- atenci?n tanto de los varones como de las mujeres.

Asimetr?as jer?rquicas entre los generos que articuladas con otras diferencias entre las personas que tambi?n son fuentes de inequidad en nuestras sociedades: edad, etnia y clase social, establecer?n perfiles de morbilidad y mortalidad espec?ficos as? como modelos de gesti?n de la enfermedad diferencial.

?C?mo operan entonces estas asimetr?as sociales entre varones y mujeres en el proceso salud-enfermedad-atenci?n de cada genero en tanto colectivo?

Estableciendo vulnerabilidades diferenciales relativas a los roles sociales que mujeres y varones pueden y deben cumplir en el marco del patriarcado. Lo cual determina modos diferentes de vivir, enfermar, consultar, ser atendid@s y morir

Podemos identificar que en la divisi?n sexual del trabajo caracter?stica de este per?odo del patriarcado, encontramos una gran diversidad entre regiones geogr?ficas que alcanzan un gran abanico con mayores y menores grados de equidad entre los generos.

Para nuestra region latinoamericana, aun cuando las mujeres han avanzado mucho en su presencia en el espacio publico, se espera que contin?en siendo las principales cuidadoras de la familia y las agentes del sistema de salud en los hogares bas?ndose en su capacidad emp?tica, receptiva y comprensiva. Por lo tanto existe en simult?neo y casi sin entrar en crisis una mayor aceptaci?n de la entrada masiva de las mujeres al mercado de trabajo asalariado, pero sin una legitimaci?n de la redistribuci?n de las tareas dom?sticas. Lo cual implica que las mujeres trabajadoras, tienen como m?nimas dos jornadas de trabajo. Lo cual se incrementa a tres jornadas si hay alg?n familiar enfermo o que necesita cuidados que siempre son realizados por las mujeres de la familia.

Esta triple jornada en varios pa?ses es promovida por el propio sistema de salud, mediante la incorporacion de los planes de apoyo con dinero a las madres de familia para que compren servicios minimos de salud para su familia relativos a programas de focalizacion. Estos planes bastantemente conocidos en la regi?n y en otras regiones del tercer mundo, son implementados bajo dos argumentos principales: el primero basado en la idea de que las mujeres son m?s honestas y eficaces que los varones para utilizar esos escasos fondos. El segundo argumento, que abona estos planes que incluyen un elemento de capacitaci?n de estas mujeres, es que la morbilidad y mortalidad infantil est?n asociada con el indicador instrucci?n de la madre. Un componente adicional es que se espera educar a las ni?as para que puedan en las pr?ximas generaciones seguir reproduciendo eficazmente este rol de amortiguadoras de la pobreza extrema.

Vale la pena detenernos en la contra argumentaci?n de estas falacias. En primer lugar las mujeres no son m?s honestas que los varones, sino que tienen un grado de ciudadanizaci?n desigual que las hace m?s d?ciles, mejores administradoras de fondos escasos y m?s f?cilmente cooptables por planes discrecionales, pues al tener muy poco poder en los hogares, cualquier dinero que se les otorgue es visto con fuente de micropoder. En segundo lugar, la educaci?n de la madre es un indicador secundario de situaci?n socioecon?mica (actual o acumulada) por lo tanto esta asociado a mejores ?ndices de morbilidad y mortalidad infantil. Pero no es asimilable confundir grado de instrucci?n con capacitaci?n para un programa espec?fico. En tercer lugar, pensar que las ni?as deben ser educadas para establecer un reemplazo generacional de este rol, es condenarlas a una brecha irrecuperable con las ni?as de los otros sectores sociales m?s beneficiados y con los ni?os de su propio sector social.

Y por ?ltimo, un argumento transversal a los anteriores, est? representado por el hecho que no se ha considerado que la supuesta mayor eficiencia de estas mujeres para el sistema est? basada en la sobrecarga de las mismas, con su consiguiente aumento del desgaste. Por lo tanto, con una mayor carga de malestar y morbilidad para aquellas elegidas para mejorar los indicadores de salud de la familia.

En lo relativo a las mujeres como usuarias directas del sistema de salud, podemos decir que las mismas son las que realizan la mayor?a de las consultas puesto que es habilitado socio- subjetivamente para el genero femenino el expresar y consultar por su malestar en salud, con lo cual suelen hacer consultas m?s precoces que los varones.

Por otra parte, los varones deben cumplir con un rol de proveedores econ?micos y sociales, siendo sancionado socialmente cuando no pueden o quieren cumplir con dicho rol. Esto genera perfiles epidemiol?gicos espec?ficos por sobrecarga laboral y por empeoramiento de las condiciones de su concreci?n. Para que los varones puedan cumplir las expectativas relativas a su rol social, su socializaci?n primaria les inhibe la capacidad de registro de sus propios malestares, lo cual tiene efectos nefastos en la detecci?n primaria de enfermedad. Los varones llegan a los servicios de salud cuando ya no dan m?s, por lo tanto con cuadros m?s avanzados lo cual complejiza su pron?stico.

Si queremos abordar la salud de mujeres y varones desde una perspectiva de equidad, nos percataremos que los problemas femeninos est?n basados en su mayor?a en cuestiones relativas al empoderamiento y carencia de recursos. Por su parte las problem?ticas de los varones son m?s del orden de los costos de poder sostener o no la hegemon?a, por lo tanto son cuestiones m?s ligadas a los excesos y a la exposici?n a riesgos.

2 – ?A que se debe su actual auge y visibilidad?

En principio, hay que considerar que gran parte de su actual auge y visibilidad se debe al cambio que se ha producido en el rol social de las mujeres, lo cual ha generado un aumento de su autonom?a que tiene como efecto una mayor visibilizaci?n y deslegitimaci?n de las diferencias jer?rquicas aun existentes entre los generos.

Esto nos permite evidenciar que la perspectiva de genero es una mirada en salud que no se caracteriza por incorporar un nuevo objeto al campo de trabajo, sino por incorporar una nueva mirada acerca de las diferencias y especificidades en salud de mujeres y varones desde una perspectiva de ciudadan?a y de derechos.

Por otra parte, representa el ?xito del movimiento de mujeres como actor pol?tico internacional en la incorporaci?n de sus puntos de agenda en la agenda pol?tica internacional. En ese sentido cabe destacar el muy buen trabajo de advocacy de este movimiento que permiti? colocar la equidad entre los generos como un bien publico global.

Este logro tiene por lo menos dos consecuencias altamente destacables:

Que los gobiernos de todos los pa?ses est?n comprometidos internacionalmente a incorporar la equidad entre los generos como una necesidad humana (Conferencia Internacional de Poblaci?n- Cairo 1994 y Conferencia Internacional de la Mujer -Beijing 1995)

Que aun pa?ses con injusticias entre los generos muy graves y con d?bil capacidad local de revertirlas, deban responder p?blicamente por estas injusticias debido a las presiones internacionales.

Otro aspecto que se desprende lo se?alado, es el hecho que la perspectiva de genero esta incluida en los programas de los organismos internacionales de cooperaci?n, lo cual incentiva a que los proyectos que aspiran y/o incluyan estas ayudas deban incorporarlo con un eje en su desarrollo.

Para lo que refiere a Am?rica Latina se le agregan otras dos razones locales que tienen una misma ra?z relativa a la caracter?stica militante de esta hermosa regi?n del planeta. Y estas dos razones son, por una parte, la historia de movilizaci?n en torno a la salud como derecho que ha dado entre sus frutos una corriente te?rico-pol?tica como es la medicina social latinoamericana, de la cual ALAMES es uno de los principales referentes en la actualidad, y por otra parte el gran desarrollo y complejidad que presenta el movimiento latinoamericano de defensa de los derechos de las mujeres.

3 – ?La perspectiva de genero es s?lo aplicable a la salud de las mujeres?

No solo. Tambi?n puede ser aplicada para entender, prevenir y resolver problem?ticas de salud de los varones en tanto colectivo, pero existe aun la creencia de que cuando hablamos de genero, esta es solo una nueva nomenclatura para referirnos a salud de las mujeres.

Esta creencia esta basada en que la introducci?n de la perspectiva de genero en el campo de la salud ha tenido como objetivo identificar y resolver las problem?ticas de salud de las mujeres no solo atribuibles a las diferencias biol?gicas entre ambos sexos, sino relativas a su lugar social subordinado.

Debido a esta ra?z hist?rica es que actualmente existen m?s desarrollos con perspectiva de genero relativos a la salud de las mujeres, que a las problem?ticas masculinas, lo cual contribuye a sostener la idea de que cuando hablamos de genero en salud nos estamos refiriendo a salud de las mujeres.

4-?Se puede utilizar esta perspectiva para los problemas de salud de los varones?

Si y es deseable que as? sea, puesto que para avanzar en una agenda de la salud como derecho con perspectiva de genero es importante incorporar a los varones como colectivo tanto para pensar sus problemas espec?ficos como genero en el proceso salud-enfermedad-atenci?n, as? como para valorar el modo en que sus conductas y/o acciones pueden ocasionar da?os en la salud de las mujeres.

Para lo cual es necesario trabajar en una l?nea que visibilice para el equipo de salud y para los propios varones que las conductas ligadas a la masculinidad hegem?nica: el ejercicio del poder, la exposici?n a situaciones de riesgo para s? y los dem?s, la resoluci?n violenta de los conflictos, la falta de registro del cansancio y los primeros s?ntomas de enfermedad, etc. los enferma como colectivo y genera da?o en la salud de las mujeres.

Podemos concluir que para poder utilizar en toda su potencia la categor?a de genero en los problemas de inequidad en salud de mujeres y de varones debemos partir de una modalidad mas din?mica y flexible en el uso de esta categor?a. Esto implica abordar la equidad desde una perspectiva de justicia, la cual no solo se corresponde con problem?ticas ligadas a la carencia, sino tambi?n a los excesos e invisibilizaci?n.

Como ejemplo de esta dinamizaci?n en su uso, podemos valorar lo que acontece con las cardiopat?as isqu?micas. Los varones tienen m?s riesgos de padecerlas, por razones de genero, pero las mujeres son peor atendidas y presentan mayor mortalidad para todas las edades, tambi?n por razones de genero. Entonces tenemos en una misma patolog?a inequidad es en el riesgo para los varones e inequidad en la calidad de atenci?n para las mujeres.

  1. ?Qu? necesitamos saber entonces para aplicar la perspectiva de genero en las pol?ticas p?blicas en salud?

C?mo se aplica esta perspectiva en lo relativo a los problemas de salud de las mujeres y sus inequidades

C?mo se aplica esta perspectiva en lo relativo a los problemas de salud de los varones y sus inequidades

C?mo incorporar una mirada de genero en todas las ?reas del relevamiento de inequidad en salud

Habiendo sentado las bases para una aproximaci?n general de como enfocar los problemas de inequidad de genero en mujeres y en varones, vamos a ahondar ahora en el tercer eje de la propuesta para lo cual debemos preguntarnos:

III. ?Cu?les son los niveles en los que la diferencia entre los generos se transforma en inequidad en salud?

Estos son:

Distribuci?n de los riesgos y relevamiento de necesidades en salud

Mecanismos y modelos de atenci?n

Tipo de cobertura y financiamiento

Formaci?n y trabajo cotidiano de los RRHH

Gesti?n y toma de decisiones

1-a. Distribuci?n de los riesgos

En lo relativo a la morbimortalidad general, en la mayor?a de los pa?ses de la regi?n los varones viven aproximadamente 7 a?os menos que las mujeres. Esta “sobremortalidad masculina” por razones de genero, se da fundamentalmente en dos segmentos etarios: el primero de los 15 a 24 a?os y sus causas son los accidentes, suicidios y violencia. El segundo segmento etario es de los 35 a los 54 a?os y la causa esta constituida fundamentalmente por las enfermedades cardiovasculares.

Por otra parte la sobrevida de las mujeres se da con gran carga de discapacidad y en peores condiciones socio-econ?micas por el aumento de la pobreza femenina.

En lo referente a la salud sexual y reproductiva presenciamos un aumento en el costo de incapacidad en las mujeres por carencia de acceso a programas espec?ficos y por el hecho de que el aborto es ilegal en casi todo el continente.

En t?rminos de salud mental asistimos a lo que en otro trabajo consideramos como una epidemia de tristeza, fruto de las situaciones de malestar de las mujeres efecto de las situaciones de malestar relativas a su lugar social subordinado, pero tambi?n a los costos de los procesos de transici?n en mujeres de sectores medios de modelos tradicionales a modelos m?s innovadores.

1-b. Relevamiento de necesidades en salud

Si caracterizamos a las necesidades en salud como un fruto en la interacci?n entre lo biol?gico, lo subjetivo y lo social, es importante tomar en cuenta esta triple determinaci?n para responder de manera equitativa a necesidades diferenciales, como es el caso de las cuestiones de genero (OPS/OMS 1995).

En el plano de lo biol?gico debemos valorar si estamos identificando y respondiendo adecuadamente a: los requerimientos fisiol?gicos diferentes, a las susceptibilidades fisiol?gicas diferentes y a las resistencias o inmunidades fisiol?gicas diferentes

En el plano subjetivo y de los roles sociales es necesario identificar y responder adecuadamente a las condiciones de riesgo diferentes asociados a conductas relativas a cada genero e identificar el acceso y control diferenciales con respecto a los recursos intrafamiliares y p?blicos relacionados con la salud

En el plano de las condiciones o problemas de salud que ser?an el aspecto m?s macro o social del abordaje identificar cuando estos son:

Exclusivos de uno de los dos sexos

Mas prevalente entre las mujeres o entre los hombres

Que tienen consecuencias (f?sicas, psicol?gicas o sociales) diferentes para los hombres y para las mujeres.

Con factores de riesgo diferentes para varones y para mujeres

Ante los cuales mujeres y varones responden de manera diferente

Ante los cuales el sistema (institucional, familiar, comunitario) responde de manera diferente seg?n se trate de hombres o de mujeres

2- Mecanismos y modelos de atenci?n

En lo relativo a los mecanismos y modelos de atenci?n los mismos pueden ser clasificados en genero sensitivo o en generadores de inequidad de genero.

Ejemplos del primer tipo son los modelos integrales de atenci?n, que incorporan la autonom?a de l@s pacientes como valor y que recuperan la historia y saberes del/a sujet@ consultante acerca de su malestar.

Por el otro lado encontramos los mecanismos y modelos de atenci?n que generan inequidad de genero. Podemos ejemplificar con un modelo actualmente en boga en la regi?n: las internaciones domiciliarias para reducir los d?as “innecesarios” de internaci?n institucional. En varias oportunidades (Sarduy, Alfonso, 2000) (Tajer, 2000) se ha se?alado que esto es un eufemismo para se?alar que la retirada de las obligaciones de los estados en garantizar la salud como un bien p?blico ha sido traspasado a las familias, lo que dada la divisi?n sexual del trabajo preponderante en nuestras sociedades implica que ha sido traspasada a las mujeres de las familias, aumentando la carga de trabajo de las mismas, simult?neo al aumento de las cargas relativas a la reproducci?n social concomitantes a los fen?menos de crisis econ?mico-social.

3- Tipo de cobertura y financiamiento

En principio, podemos se?alar que existe suficiente evidencia para poder destacar como impacta diferencialmente la accesibilidad diferencial por genero seg?n cual sea el sistema de financiamiento (Standing, 2000). Por ejemplo, esta demostrado que el reintegro por costos asociados a la prestaci?n de servicios ha sido asociado con la baja en el uso de servicios de maternidad (Kutzin, 1995). Por lo tanto ver la composici?n por sexo del modo en cada pa?s combina su financiamiento en salud es relevante en t?rminos de equidad de genero. Y este es un punto muy relevante a tomar en cuenta de cara a los procesos de reforma actualmente en curso en nuestra regi?n, dado que en la mayor parte de estos procesos unos de los puntos fundamentales de implementaci?n son los relativos a los modelos de financiamiento.

Por lo tanto ver el impacto de genero de los diversos modelos de financiamiento adquiere una gran importancia en t?rminos de calibrar la toma de decisi?n.

Existen tres principales modos de financiamiento de las necesidades de salud con diferente combinaci?n seg?n el pa?s, al interior de los cuales trataremos de identificar algunos aspectos espec?ficos de inequidad de genero:

esquemas de aseguramiento para trabajadores del sector formal

esquemas de aseguramiento p?blicos con fondos fiscales

seguros b?sicos, microcr?ditos o fondos para enfermedades catastr?ficas para pobres “merecedores”

A: esquemas de aseguramiento para trabajadores del sector formal

Aqu? lo que es necesario definir, por su relevancia en t?rminos de la equidad en general es si los tipos de cobertura responden a las modalidades de fondos solidarios o por esquemas de aseguradoras de riesgo. En lo que a la perspectiva de genero respecta en particular cabe se?alar que las aseguradoras de riesgo, aun las mejores reguladas, funcionan sobre las base cl?sicas del riesgo comercial, y por ende el precio de la cobertura aumenta en funci?n del sexo, edad y n?mero de personas a cargo. Motivo por el cual las mujeres deben pagar una prima extra para tener cubierto los costos reproductivos (que aun acontecen en los cuerpos femeninos) o aceptar menor cobertura aumentando el gasto de bolsillo. Con respecto a la experiencia de las ISAPREs de Chile (Matamala, 2001), la creatividad de la cultura popular ha definido esta situaci?n como planes “con y sin ?tero”, siendo que los planes con ?tero implican un costo 3 veces mayor que los correspondientes para mujeres de la misma edad “sin ?tero” y/o para los varones de la misma edad.

Por otra parte los esquemas de seguro no son adecuados para compensar el impacto de las diferencias que las mujeres y los varones tienen en el mercado laboral. Los patrones e historias laborales femeninas son mas diversificadas y fragmentadas que las de los varones, presentando mayores periodos de quiebre de cobertura, adem?s de concentrarse mayoritariamente en los segmentos de menos paga y de contratos m?s flexibles.

B: esquemas de aseguramiento p?blicos con fondos fiscales

Estos modelos suelen ser los m?s equitativos en t?rminos de accesibilidad y cobertura relativos a la capacidad de pago desde una perspectiva de genero, siendo que la mayor?a de sus inequidades responden a factores de origen cultural ligados a las estereotipias de genero y al paternalismo, sensibles de registrar con indicadores relativos a nivel y distribuci?n de la capacidad de respuesta. Desde una agenda de genero representa un punto cr?tico los indicadores que se utilice para medir los mismos, puesto que los construidos desde una perspectiva neoliberal (OMS, 2000) pueden introducir una visi?n de genero acorde con ?sta, basada sobre valores individualistas en los cuales los servicios p?blicos pueden resultar muy mal ranqueados. Punto que amerita una discusi?n de mayor profundidad dificultosa de sintetizar para este escrito pero que puede consultarse en Costa A y otros (2000).

C: seguros b?sicos, microcr?ditos o fondos para enfermedades catastr?ficas para pobres “merecedores”

Esta ?ltima categor?a esta muy sobrerepresentada por las mujeres, dada la prevalente distribuci?n de la pobreza que ha generado el conocido fen?meno de feminizaci?n de la pobreza lo cual ya es en s? un efecto de inequidad de genero de gran embergadura. Con respecto a los seguros b?sicos en particular, la cuesti?n fundamental desde esta perspectiva es identificar si cubren y responden a las necesidades diferenciales.

Por otra parte y ya dentro de la discusion general acerca de la equidad que implican los microcr?ditos, que en realidad son una forma de introducir la l?gica mercantil a los servicios de salud aun aquellos ofrecidos a los m?s pobres. En lo relativo al genero, valen las consideraciones que realizamos con respecto a los programas focalizados

Por ?ltimo vamos a hacer una reflexi?n acerca del “pago de bolsillo” que puede acompa?ar y/o complementar cualquiera de estos modelos de financiamiento. Para medir el impacto de genero de este tipo de contribuci?n financiera, es necesario poder identificar los fen?menos de negociaci?n al interior de los hogares acerca de c?mo se establecen las prioridades y como se distribuyen los dineros del gasto de bolsillo. Por ejemplo, hemos relevado de un follow up de atenci?n de pacientes mujeres cardi?patas en el sector p?blico en Argentina que concluye que mientras las mujeres est?n internadas, es posible garantizar la equidad de genero en la atenci?n, pero al externarse siendo que la cobertura de medicamentos sale de pago de bolsillo, las mujeres salen perdidosas en la negociaci?n intrafamiliar de definici?n de prioridades en salud, resultando las ?ltimas en la lista, no pudiendo garantizarse de esta manera la equidad en los tratamientos ambulatorios (Pramparo, 2001).

4-Formacion y trabajo cotidiano de los RRHH

Con respecto a la formaci?n de los recursos humanos en salud, podemos se?alar que esta perspectiva reci?n esta comenzando a ser incorporada en las curriculas de formaci?n de grado y posgrado en salud. Por lo tanto la mayor inequidad al respecto esta dada por la invisibilizaci?n que existe al interior de cada una de las disciplinas y practicas de los sesgos de genero en la mirada y resoluci?n de problemas.

En lo relativo a trabajo cotidiano de las disciplinas y especialidades del equipo de salud, nos encontramos con lo que podemos caracterizar como las inequidades en la distribucion del saber y el poder en salud, las cuales aparecen transversalisadas por el genero. Ejemplo de esto es la distribucion desigual de la composici?n por genero de las distintas profesiones de la salud y al interior de las especialidades medicas. Siendo que las profesiones como menos poder en el equipo de salud son las m?s femineizadas: enfermer?a, trabajo social y psicologia, entre otras. Y al interior de las especialidades medicas vemos como las clinicas, que son mas mano de obra intensiva y facturan menos est?n mas femineizadas. Mientras que las quir?rgicas, o con gran utilizaci?n de tecnologia est?n m?s a cargo de los varones.

Y con respecto a la relaci?n sector p?blico – sector privado en salud, estamos asistiendo concomitantemente a un deterioro y desfinanciamiento de lo p?blico a una feminizaci?n de este mismo sector con una contracara de aumento de la selecci?n negativa de mujeres en el sector privado.

5-Gestion y toma de decisiones

Este ?tem lo hemos dejado para el final porque entendemos que para una adecuada toma de decision en todos lo niveles de la gestion en salud incorporando una sensibilidad de genero debemos poder tomar en consideracion toda la informacion y reflexion que hemos presentado en este art?culo.

Pero adem?s de lo ya expuesto existen otros aspectos espec?ficos a valorar en t?rminos de viabilidad de los procesos y esto es por un parte la presencia de componentes y/o transversalidad de genero de los planes, programas y acciones. Y por el otro, la existencia de ?reas gubernamentales de monitoreo y/o ejecuci?n con el m?ximo rango posible como las ?reas mujer gubernamentales para poder negociar al interior de los gabinetes al mas alto nivel de decisi?n.

Otro aspecto importante es la existencia de mecanismos establecidos de control social de gestion en los cuales los grupos de defensa de derechos tengan voz y voto, como los Consejos de Salud que existen en varios pa?ses.

Y un punto de consideraci?n final de marcada relevancia es poder tener una lectura pol?tica global de los procesos en los cuales se quiere incorporar estos elementos espec?ficos para los cuales hace falta identificar aliados. En este sentido es muy necesario tener una clara identificaci?n de los liderazgos, los mecanismos de decisi?n de prioridades y cuales son los efectos que desean lograr.

A modo de s?ntesis, podemos se?alar que los desaf?os actuales en la construccion de una agenda de genero en las pol?ticas publicas en salud radican en la posibilidad de incorporaci?n de este acumulado en su programaci?n, ejecuci?n y monitoreo para que puedan ser reales promotoras de equidad y aumento de la calidad de la ciudadan?a de todos y todas

El enfoque de genero y los indicadores de medici?n de inequidades

Por Leticia Artiles Visbal

Introduccion

Hasta hace m?s menos un decenio los problemas de la contribuci?n del condicionamiento de genero sobre la salud de las personas se expresaba esencialmente en el discurso como parte de la lucha politica de las mujeres, pero no se planteaba el “medir” algo que se constru?a y generaba en el plano te?rico y en los ?mbitos de la lucha por los derechos politicos.

La comprension de que el condicionamiento de genero

Saluco 10: Violencia contra las mujeres

QRed Cubana de Genero y Salud Colectiva
Ateneo Juan C?sar Garc?a, Sociedad Cubana de Salud P?blica
Cap?tulo Cubano de la Red de G?nero y Salud Colectiva
de la Asociaci?n Latinoamericana de Medicina Social (ALAMES)
Coordinadora: Leticia Artiles l
Vicecoordinadoras:Ada Alfonso
Celia Sarduy

SaluCo
Boletin 10
(De utilizar la informaci?n citar la fuente)

Violencia contra las mujeres: Cu?nto se ha hecho y cu?nto nos queda por hacer.

Segunda quincena
Agosto 2002

Contenido:
1. Violencia contra las mujeres. Un acercamiento al tema. Por Ada C. Alfonso
2. Violencia intrafamiliar. El grupo nacional de atenci?n a la violencia. Por Lic. Celia Berges D?az.
3. Trabajos disponibles por mail:
�La paz comienza por la casa�: Prevenci?n de la violencia desde la no violencia. Lic. Iliana Artiles de Le?n.
La violencia intrafamiliar. Tratamiento jur?dico en Cuba.
Lic. Daisy Aguilera Ribeaux
Violencia: un problema de salud y derechos. Presentaci?n del Manual.
Dra. Ada C. Alfonso Rodr?guez

Nota editorial:
El d?a 23 de agosto las mujeres cubanas celebramos un aniversario m?s de la constituci?n de nuestra organizaci?n femenina, la Federaci?n de Mujeres Cubanas. Muchas mujeres y de diferentes edades participan en las diferentes tareas de dicha organizaci?n; y no existe una labor en nuestro pa?s, por compleja que sea, en que no est?n las manos, el pensamiento y el esfuerzo de las mujeres cubanas. SaluCo aprovecha esta celebraci?n para visualizar el trabajo de las mujeres en el sostenimiento de los ?ndices de salud alcanzados por nuestro pueblo debido al alto n?mero de mujeres que trabajamos en el sector de la salud, y a su vez reconocer el trabajo de otras muchas que se desempe?an en el cuidado de la salud desde sus hogares, sus delegaciones de la organizaci?n �brigadistas sanitarias y trabajadoras sociales de la FMC-, colaboradoras de las Casas de Orientaci?n de la Mujer y la Familia de la FMC, grupos de transformaci?n de los diferentes Consejos Populares �?rganos de gobierno territoriales-, delegadas de circunscripciones y otras que participan en los diferentes procesos sociales que hacen sostenible el hecho, de que la salud es un derecho y un bien social en Cuba.

La violencia es un problema de salud, social y de derechos que afecta a un elevado n?mero de mujeres en el mundo. Esta edici?n propone un acercamiento al tema en nuestro medio, los esfuerzos que se han venido realizando y cu?nto nos queda por hacer a?n desde el sector de la salud para prevenir, identificar, atender y rehabilitar a aquellas mujeres que no han concientizado que viven en situaciones de violencia.

Como siempre solicitamos de ustedes sus comentarios y colaboraciones, recuerden que tod@s estamos llamad@s a contribuir en que nuestro bolet?n sea cada vez mejor.

Violencia contra las mujeres. Un acercamiento al tema. Por Ada C. Alfonso

La violencia contra la mujer ha sido durante a?os un problema invisible. Tantos a?os de ausencia en los discursos p?blicos y cient?ficos ha motivado, que los profesionales de la salud tengan dificultades para reconocer los m?ltiples rostros del problema y s?lo puedan diagnosticar, las secuelas de la violencia f?sica, imposibles de ocultar, y aun as? muchas mujeres tratan de explicar sus hematomas por ca?das, resbalones y otros accidentes hogare?os.

El triunfo de la Revoluci?n Cubana trajo aparejado junto al cambio pol?tico y social, transformaciones sustantivas en la vida de las mujeres. La voluntad pol?tica del Estado y la constituci?n de la Federaci?n de Mujeres Cubanas promovieron un amplio movimiento de mujeres que abandonaron, su casi ?nico espacio de acci?n � el dom?stico � para integrarse a las aulas, las milicias, la agricultura, la salud, la educaci?n, la investigaci?n, el trabajo comunitario y pol?tico y otros, junto a los varones, que hasta ese momento eran los que hab?an liderado el espacio social.

Las cifras que se rese?an a continuaci?n avalan los cambios radicales que se operaron en la vida de las mujeres cubanas y los incrementos ocurridos durante este proceso de emancipaci?n y empoderamiento femenino:

Las mujeres mayores de 10 a?os al triunfo revolucionario se representaban en su mayor?a en los siguientes grupos: 23 % eran analfabetas, 71 % subescolarizadas y s?lo 2 % hab?a completado la ense?anza media. Aportaban m?s a estos grupos las pobres, negras y mestizas. El AVAD es una medida compuesta del estado de salud en el que se combinan el tiempo perdido por mortalidad prematura (a?os de vida perdidos o AVP) y el tiempo vivido con una discapacidad (a?os vividos con discapacidad o AVD). Para profundizar en el tema ver ” La medici?n del estado de la salud. G?nero, carga de morbilidad y establecimiento de prioridades en el sector salud”. Kara Hanson. OPS/ Harvard Center for Population and Development Studies. 2000 Publicaci?n Ocasional No.5. P?g. 7.

Seminario Internacional de la APS, del 17 al 21 de Junio 2002, La Habana, Cuba

VIII Seminario Internacional de la Atención Primaria de Salud del 17 al 21 de Junio del año 2002, La Habana, Cuba

La Habana, Julio del 2001.

Estimado colega:

El desarrollo de la Atención Primaria de Salud (APS) es como una espiral en ascenso, que llega en el momento actual al punto más elevado; pero con una
complejidad mayor.

Desde el primer Seminario celebrado en Cuba en 1986; cuando teníamos 600 Médicos de Familia; la Atención Primaria de Salud y la Medicina Familiar se han ido desarrollando y avanzando con innovaciones y resultados beneficiosos para la Salud de nuestro pueblo y de otros pueblos del mundo; que nos permiten actualmente presentar, un modelo exitoso de Atención Primaria de Salud y Medicina Familiar, ejecutado por mas de 30 000 Médicos de Familia y 40 000 Enfermeras de Familia.

Cuba, ha logrado un avance extraordinario en el campo de la Salud, habiendo cumplido desde el año 1983 con los indicadores de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que evalúan la estrategia de Salud para Todos (SPT) y ha ido introduciendo cambios estratégicos para ir perfeccionando su Sistema Nacional de Salud.

Cuba, ha venido desarrollando un intenso Programa Integral de Salud (PIS) de colaboración con numerosos países del Tercer Mundo y mediante el desarrollo de la Escuela Latinoamericana de Medicina, está contribuyendo a la formación de Médicos en esos países necesitados.

Por todas estas razones; la alta dirección del Ministerio de Salud Pública de Cuba, ha decidido trasladar la celebración del VIII Seminario Internacional de APS para celebrarlo del 17 al 21 de Junio del año 2002; con el propósito de promover una mayor participación de profesionales de la Salud y de la Medicina Familiar; para presentar nuestras experiencias nacionales e internacionales; que permitan contribuir al intercambio con otros países sobre las Lecciones del Siglo XX y los Desafíos del Siglo XXI.

Constituye un alto honor para nosotros convocar a este encuentro y tener la oportunidad de recibirlo cordialmente y agradecerle su atención y su participación,

Atentamente,

Dr. Carlos Dotres Martínez,
Ministro de Salud Pública de Cuba

Higher mortality in for-profit hospitals

P.J. Devereaux, Peter T.L. Choi, Christina Lacchetti, Bruce Weaver, Holger J. Schünemann, Ted Haines, John N. Lavis, Brydon J.B. Grant, David R.S. Haslam, Mohit Bhandari, Terrence Sullivan, Deborah J. Cook, Stephen D. Walter, Maureen Meade, Humaira Khan, Neera Bhatnagar and Gordon H. Guyatt

A systematic review and meta-analysis of studies comparing mortality rates of private for-profit and private not-for-profit hospitals

Canadian Medical Association Journal 2002;166(11): 1399-406

From the Departments of Medicine, Anesthesia, Clinical Epidemiology and Biostatistics, Psychiatry and Behavioral Neurosciences, and Surgery and the Health Sciences Library, McMaster University, Hamilton, Ont.; the Departments of Medicine, Social and Preventive Medicine, and Physiology and Biophysics, University at Buffalo, and the Veterans Affairs Medical Center, Buffalo, NY; the Institute for Work and Health and the Population Health Program, Canadian Institute for Advanced Research, Toronto, and the Department of Health Policy Management and Evaluation, University of Toronto, Toronto, Ont.

Correspondence to: Dr. P.J. Devereaux, Department of Clinical Epidemiology & Biostatistics, McMaster University, Rm. 2C12, 1200 Main St. W, Hamilton ON L8N 3Z5; fax 905 524-3841;

Abstract

Background: Canadians are engaged in an intense debate about the relative merits of private for-profit versus private not-for-profit health care delivery. To inform this debate, we undertook a systematic review and meta-analysis of studies comparing the mortality rates of private for-profit hospitals and those of private not-for-profit hospitals.

Methods: We identified studies through an electronic search of 11 bibliographical databases, our own files, consultation with experts, reference lists, PubMed and SciSearch. We masked the study results before determining study eligibility. Our eligibility criteria included observational studies or randomized controlled trials that compared private for-profit and private not-for-profit hospitals. We excluded studies that evaluated mortality rates in hospitals with a particular profit status that subsequently converted to the other profit status. For each study, we calculated a relative risk of mortality for private for-profit hospitals relative to private not-for-profit hospitals and pooled the studies of adult populations that included adjustment for potential confounders (e.g., teaching status, severity of illness) using a random effects model.

Results: Fifteen observational studies, involving more than 26 000 hospitals and 38 million patients, fulfilled the eligibility criteria. In the studies of adult populations, with adjustment for potential confounders, private for-profit hospitals were associated with an increased risk of death (relative risk)